Es solitaria, limpia en medio de ella, levantada en la partida del Miracle, próxima
a la acequia de Rascaña. Desde la noche de la memoria colectiva brota la
siguiente historia, narrada el 6 de mayo de 1962 por un agricultor a Luis B.
Lluch Garin:
“Donde está la Ermita había antes una casa de labradores;
que todo eso era un tiempo de los moros pues los cristianos llegaron en una
nave muy grande trayendo a san
Cristóbal, y como el mar llegaba hasta aquí desembarcaron al santo y lo
enterraron en la cuadra para que no lo cogieran los moros. Pero se olvidaron,
andando el tiempo, y todos los animales que entraban en la cuadra se morían.
¡Claro! ¿Cómo iban a vivir si estaban pateando sobre el santo?... ¿Qué será?
¿Qué no será? Pues deciden cavar a ver qué pasa… y se encuentran al santo y le
levantan la Ermita” (o.c.pg.301).
La historia evoca la llegada de un barco el año 683 y el
descubrimiento de la imagen en 1442, construyéndose una ermita con su pozo, la
cual fue derribada, levantándose en 1881 la actual, restaurada en 1939. Algunos
de ellos, con los correspondientes benefactores se hallan escritos en los
azulejos en la fachada. En ella se levanta el frontón triangular con un
pequeño óculo, espadaña sustentando la campana y cruz metálica, como remate. El
interior rectangular cuenta con el altar dedicado al titular, pintura de la
Virgen del Rosario y puerta de acceso a la sacristía, donde se halla un panel
cerámico fechado en 1851, representándose en él la llegada del santo.
Lectura: Eclesiastés 3,1-8
Oración: Padre. Con los pies anclados en los terrones
medito tus palabras: “Todo tiene su momento y cada cosa bajo el cielo; tiempo
de nacer y tiempo de morir, tiempo de arrancar y tiempo de plantar”. Eleva la
mirada el labrador, riega, espera, siembra, espera, arranca la hierba, espera,
cosecha, espera, para de nuevo iniciar el ciclo de la vida. Y tú en todo tiempo
miras, esperas, amas. Tú eres, nosotros pasamos.
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