domingo, 21 de septiembre de 2014

Burjassot. San Roque.


“En los silos existe una ermita, construida en el siglo XVII, y que el Beato Juan de Ribera dedicó a la Virgen de la Cabeza, donde se conserva en el arco toral, […] Dicha ermita está dedicada, además, a san Roque, en cuyo honor se celebran estrepitosas fiestas”. Así describía el santuario D. José Sanchis Civera en su conocido Nomenclator.

Y a él nos acercamos, guiados por Luis Lluch B. Garin, quien en septiembre de 1963 entró en ella y como buen cristiano se signó con el agua bendita, máxime después de leer los versos escritos en azulejos, junto a la pila: “Con devoción reverente / tomarás agua bendita / que es mucho lo que da y quita / con poder omnipotente. / Da al que se signa en la frente / el remedio a sus males; / quita las culpas veniales, / fortalece el corazón, / libra de la tentación / y ahuyenta los infernales”.

Pero antes hemos contemplado la fachada neoclásica con remate barroco y espadaña adornada por bolas de piedra y cruz de hierro, escuchando el son de la campana cuya epigrafía dice: “"SAN ROQUE / RECUERDO DE LOS / CLAVARIOS DE SA / ROQUE AÑO 1944-1945 / SIENDO ARCIPRESTE / D DOMINGO SANCHO”. Cuenta el interior de la ermita con bóveda de cañón de tres tramos, cúpula achatada sobre el presbiterio y otra menor con linterna y capulín que cubre la capilla lateral, coro a los pies y altar mayor con columnas estriadas sosteniendo un relieve que representa la aparición de la Virgen de la Cabeza a un pastorcillo. Acoge el edificio el panteón del Obispo de Vich y Patriarca de las Indias Occidentales, Francisco Muñóz Izquierdo (Burjassot 1868-1930).

Lectura:   Salmo 42

Oración:  Padre. “Como busca la cierva corrientes de agua, así, Dios mío, te busca todo mi ser. Tengo sed de Dios”. Contemplo la pila del agua bendita. Tengo sed de ti, Señor. Me signo. Tú apagas mi sed. El agua me recuerda que soy hijo tuyo por el bautismo; la señal de la cruz me indica el lugar donde está persona: en el corazón traspasado de tu Hijo; y en los sacramentos la fuente.

 

Moncada. Santa Bárbara.


Seguimos por la ruta del Carraixet, alcanzando la rosada silueta del Seminario  La Inmaculada de Moncada, con sus ventanas, claustros interiores, torre y capillas. Desierto quienes un día serán responsables de las ermitas, estudian, conviven y oran, en dos edificios singulares: la recogida capilla de filósofos y la basilical iglesia.

 Cuenta con dos ermitas, una en honor de Nuestra Señora de los Desamparados, no muy antigua, y la de Santa Bárbara, construida en 1701, en el lugar de otra dedicada a San Ponce, de la que únicamente resta, como recuerdo, una antigua tabla. De dicha santa mártir se guarda, en elegante relicario de plata, la falange de un dedo de la mano, la que trajo de Roma a principios del siglo XVI, mosén Alejando de Blanes, beneficiado de la parroquia” (Nomenclator, pg.229).

Ciertamente, el origen se halla en aquel tiempo, cuando la intercesión de la santa libró a la población de una destructora tormenta. Allí en un espacio agradable, iluminado por los jardines, arbolado, estaciones del via crucis y un pozo cerrado, se levanta el porche renacentista, formado por siete arcos apoyados en pilares, con pilastras adosadas, sobre las que se asoma el frontón con su ventana, custodiada por sendos relojes de sol. El interior es de planta de cruz latina, bóveda de cañón con arcos fajones, alzándose sobre las cuatro pechinas un octógono, sobre el que se asienta la media naranja. Cuenta un retablo neoclásico donde es venerada la imagen de la titular.

Lectura:   Apocalipsis 21, 9-14

Oración:  Padre. Contemplo esta ermita, mientras leo la aparición de la nueva Jerusalén, “resplandeciente de gloria”. Ella viene a mí, a cada uno de nosotros y se hace en cierto modo presencia cada vez que entro en un santuario. Es momento para disfrutar del lugar, habitado por ti, y pensar en aquello que evocan los arcos, la ventana, el reloj, la cúpula. Todo me habla de ti, de un Dios que nos iluminas con la antorcha de tu Hijo, el Cordero.

 

Vinalesa. Santa Bárbara.


Sigue el caminante subiendo el barranco del Carraixent y jugueteando con la serpenteante y ancha  acequia de Moncada, mientras, dejándolas tras de sí escruta entre las calles sobrias y monacales ermitas. En su camino le acompaña el poeta y su burro:   “la luna, que sube, redonda, sobre la ermita de Montemayor, se ha ido derramando suavemente por el prado, donde aún yerran vagas claridades del día; y el suelo florido parece ahora de ensueño, no sé qué encaje primitivo y bello” (Juan Ramón Jiménez. Platero y yo).

Tierras de ermitas y fuentes donde detener el alma, saciar la sed y elevar la mirada hacia las blancas paredes de edificios, puertas donde los caminos se encuentran. Así en un extremo de la plaza de Gafaüt se levanta este pequeño santuario del  s.XVII, exento y acompañado por la cruz metálica y el pozo de Santa Bárbara.

La fachada sobria cuenta con su puerta adintelada, panel cerámico con la representación de la titular y una leyenda, “Els Festers. Any 1977”, ventana cuadrada y espadaña con tejadillo y campana. Ésta pesa 53 kg. y fue fundida en 1940. Añadiéndose con posterioridad un moderno y original reloj de sol.

El interior tiene bóveda de cañón con lunetos, grandes florones y adornos barrocos, mientras las paredes han sido decoradas con pilastras adosadas y acanaladas coronadas por capiteles corintios que sostienen la cornisa. Destacando el altar dedicado a San Antonio y en el presbiterio la hornacina donde se venera la patrona del barrio, a quien los hombres de 40 años celebran la fiesta.

Lectura:   Juan 4, 1-42

Oración:  Padre. El pozo, la cruz, la ermita, el retablo, el reloj, la campana. Los días discurren con el caminar lento, pausado, apresurado y veloz. El sol sigue su andadura iluminando el lugar, acompañando la vida de los vecinos de este barrio. Me siento en los peldaños de la cruz y escucho: “dame de beber”. Me pregunto: ¿quién me está pidiendo de beber en estos momentos?  En mi hogar, lugar de trabajo, de ocio o vecindad,… sea pozo donde puedan beber.

 

Foios. Santísima Sangre.


“La tierra está limpia, sin una hierbecita. Las acequias distribuidoras de agua tienen los rebordes alisados con primor. Y en esta tierra pulcra y limpia, el naranjo se levanta y esponja orgulloso, aristocrático” (Azorín. Valencia).

Acompañado por el escritor de Monovar, sale al encuentro del caminante la Real Acequia de Moncada, madre que riega la partida de la Lloma de Foios, el calvario y la ermita dedicada a la Santísima Sangre, lugar consagrado a Dios desde el s.XVIII, edificio levantado en 1942 por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre, propietarios de las tierras que se encuentran alrededor. Posteriormente, en 1990 fue restaurada por los clavarios.

La fachada es elegante, de estilo neoclásico, con adornos piramidales, retablo de cerámica y espadaña de una sola ventana,  donde los días de fiesta juguetea la campana de 72 kg., fundida en 1990 por Salvador Manclus a expensas del los clavarios del Cristo y sobre ella se levanta la veleta, anclada a una esfera inferior. El interior rectangular tiene bóveda de cañón y peraltada, destacando las dos pilastras con capiteles corintios. En el retablo se venera la imagen del titular, obra de Carmelo Vicent, con quien ocurrió esta anécdota contada por el párroco a Luis B. Lluch Garin:

“Cuando don Carmelo cobro, en aquel tiempo cuatro mil pesetas, pidió   una docena de melones porque le hacían mucha ilusión, ya que los melones de Foyos tienen mucha fama. Los labradores buscaron los mejores, pero alguien, en el recado, cambió algunos y el bueno de Vicent se quejó de la calidad de los melones”  (Ermitas y paisajes de Valencia I, pg.396).

Lectura:   Isaías 44,1-5

Oración:  Padre. Escucho en el silencio de la huerta: “crecerá como hierba junto al agua, como chopos a la vera de los ríos”. Contemplo el lugar, cual acequia correteando por los campos, miro las estaciones del calvario, la ermita, con su retablo y campana. Señor, haz de esta acequia resquebrajada, un manantial que sacie al sediento, riegue la tierra ardiente con tu Palabra.

Bonrepós i Mirambell. San Juan Bautista.


Prosigue el peregrino recorriendo el barranco del Carraixet, para adentrarse en esta pequeña población. Es en la plazoleta cuadrada, silenciosa y tranquila, atravesada por la calle dedicada al santo precursor donde encuentra la ermita, citada por el Diccionario de Madoz (1845-1850).

Ante el caminante la fachada formada por un cuerpo con puerta de arco formalete, franqueada por el zócalo de ladrillo, panel cerámico representando al titular y su leyenda: “San Juan Bautista. Clavarios 1990”, ventana cuadrada y espadaña de doble hueco, frontón barrpco. con un vano, cruz metálica y veleta. Las campanas tienen como epígrafes: “Maria del Pilar – 1947 "A EXPENSAS DE LOS CLAVARIOS DE 1947 SIENDO CURA PARROCO D JOSE OSCA PELLICER # " /” y “San Juan Bautista – 1948  "BONREPOS - MIRAMBELL / * A EXPENSAS DE LOS CLAVARIOS DE 1947 * SIENDO CURA PARROCO D. JOSE OSCA PELLICER” (fuente: campaners.com).

El interior cuenta con bóveda de cañón con arcos y lunetos, pilastras embebidas sosteniendo la cornisa neoclásica, con moldura denticulada. En el altar mayor se halla la hornacina con San Juan Bautista y el cordero a sus pies. A ambos lados se encuentran las oleografías de San José y la Virgen del Perpetuo Socorro, anotando Luis B. Lluch Garín la presencia en 1965 de los cuadros de santa Rosa de Lima, la Inmaculada Concepción y el Bautismo de Jesús. Además encima del altar se veneraba la imagen del Niño Jesús sentado y vestido con el manto. Ésta se halla actualmente en la sacristía. 

Lectura:   Lucas 10,41-42

Oración:  Padre. En estos momentos pienso en la cantidad de tareas que me queda por realizar hoy. Estoy aquí, en esta plazoleta, pero mi corazón se encuentra atrapado por las agujas del reloj. Y tú me pides aquello que cada año me resta más, el tiempo. Escucho la palabra de tu Hijo: “andas inquieta y preocupada por muchas cosas, cuando en realidad una sola es necesaria”. En silencio, sin prisas, disfruto de este lugar, a la sombra de tu templo.

 

 

Tavernes Blanques. Virgen de los Desamparados.


Siguiendo el Camino del Cid por carretera, el ramal de la Conquista de la Valencia conduce al viajero al barranco del Carraixent, pero antes de cruzar el puente le sorprenderá un lugar vinculado de forma dramática a la ciudad del Turia.

Allí junto al camino de Barcelona se encontraban los cementerios destinados a los desamparados y los ajusticiados, lugar donde sus cadáveres tras ser ahorcados en la plaza del Mercado de la capital, fueron expuestos hasta bien entrado el s.XIX, recibiendo sepultura en el cementerio ubicado frente a la ermita. Encargándose de todo ello la Cofradía de Nuestra Señora de los Santos Inocentes Mártires. Benemérita institución a quien se debe la construcción del primitivo santuario, el cual fue demolido y reemplazado en 1940 por el actual.

El edificio cuenta en la entrada con un pequeño jardín cerrado por una verja. Sobre la puerta adintelada se halla un retablo cerámico con la imagen de la titular y la leyenda: ““Mare dels Desamparats / Jamai ens desampareu / Ni en la vida ni en la mort / Ni en lo Tribunal de Deu'”. levantándose sobre ella la espadaña de dos cuerpos y tres huecos con sus campanas Tiplet (1995), Caterina (1716) y  Desamparados (1942). El interior es de una sola nave con bóveda de cañón y arcos fajones que arrancan de las pilastras adosadas. Las paredes laterales se hallan decoradas con arcos de medio punto sostenidos por columnas y pilastras estriadas. El retablo del altar es barroco guardando en la hornacina acristalada la imagen de la Virgen de los Desamparados, patrona de la población.

Lectura:   1 Samuel 31,11.13

Oración:  Padre. En este lugar  evocador de tantos hombres y mujeres que mueren sin la cálida mirada de un ser querido, rezo por ellos. Por quienes en este lugar recibieron sepultura y por los que cada día, como Saúl, en los márgenes, a extramuros de las ciudades, abandonados por todos, en la soledad abandonan fríamente este mundo. Antes de partir experimenten en su interior la mirada maternal de María, Madre de los Desamparados.

 

Alboraya. San Andrés.


“Mucho le gustaban los domingos, con su libertad para levantarse más tarde, sus horas de holganza y su viajecito a Alboraya para oír misa; pero aquel domingo era mejor que los otros, brillaba más el sol, cantaban con más fuerza los pájaros, entraba por el ventanillo un aire que olía a gloria”, escribió Vicente Blasco Ibáñez en la Barraca, retratando lo que años más tarde contaba un labrador a Luis B. Lluch Garín: ““… i els diumenges i els dies de festa se omplia de gent l’Ermita; i se abríen les portes i se ficaba un toldo desde eixes anelles de ferro. I debaix de l’ombra es posaben bancs hasta aquell arbre… ¡Donaba gloria vore les festes que ací es feien” (o.c.pg.317).

De aquellos pretéritos tiempos son testigos calladas las ermitas de las alquerías, cual la que duerme  en el “Masía del Retor”. Lugar construido en 1893 como capilla particular junto al “camí Fondo” en la partida del Mar. Ella acoge al caminante con su fachada imitando el muro de sillería y rematada por una cornisa, acroterio sencillo, espadaña en línea gótica cubierta por un tejadillo triangular coronado con una cruz de hierro forjado. Destaca la elegante ventana gótica con parteluz y trifolio en el tímpano del arco trebolado. El interior tiene bóveda de crucería y óculo en el altar. Luis B. Lluch Garín anota las imágenes que allí se hallaban cuando él la visitó en 1962: san Andrés, san José, el Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Rosario, “que ahora está en la parroquia de Alboraya” (o.c. pg.317)

Lectura:   Isaías 40, 9-11

Oración:  Padre. Fácil es imaginar los labriegos, los domingos cansados de las largas jornadas cultivando pacientemente el fruto que apaga la sed en el verano, arrodillados ante el altar, escuchando al sacerdote y saciando el hambre con el pan de vida. “Aquí está vuestro Dios… lleva en brazos a sus corderos”. Rezo por ellos, por tantos hombres y mujeres de largas jornadas en las fábricas, los bares y restaurantes, el campo. Lleva en brazos a quienes el cansancio hace flaquear las piernas.