miércoles, 31 de enero de 2018

Guadassequies. Iglesia nueva de la Esperanza.


Dejando tras de sí el templo y el área recreativa y siguiendo la calle Major entra el peregrino en la zona de viviendas construidas a finales de pasado siglo, vertebradas por la contigua “avinguda Constitució”. Es en  la parte septentrional donde se encuentra la iglesia parroquial de N.S. de La Esperanza, construída durante los años 1995-1996 por la empresa de Bèlgida, dirigida por Eduardo Gómez, JOESA. Así gracias al empeño de su alcaldesa Carmen Vidal, el párroco y el pueblo fue levantado, siendo dedicado por el Cardenal D. Agustin García-Gasco el 29 de julio de 2000.

El bello y luminoso edificio se alza cual faro del milenio en la zona alta del municipio, constando de campanario, iglesia, dependencias pastorales y sotano.

El campanario exento y de planta triangular alberga las campanas fundidas durante el Gran Jubileo de 2000, “Santíssim Crist de l’Empar” y “Verge de les Neus”.

Mientras en el interior de la iglesia se encuentra el altar mayor y el retablo moderno con columnas sustentando tres arquivoltas, donde se venera la imagen de la La Esperanza, representando a María embarazada mostrando en su túnica el sol. Fue esculpida por el albaidino Damià Pastor y donada por la marquesa de Trenor entorno al año 1900. Le acompañan las tallas de  san Roque y san Vicente Ferrer. A los pies del altar se halla la pila bautismal.

Esparcidos por la nave se encuentran las esculturas de san José, la Inmaculada y san Antonio de Padua, y los retratos de los santos papas Juan XXIII y Juan Pablo II. En el centro del templo se encuentra el cimborrio octogonal; en la parte oriental la capilla de la comunión con el sagrario y las tallas del Sagrado Corazón, la Dolorosa y el Cristo Yacente, Y en el lateral izquierdo la sacristía, sala de reuniones y despacho parroquial, con sendas imágenes del Niño Jesús de Praga. Finalmente las paredes se abren al exterior mediante las numerosas vidrieras.

Lectura: Salmo 143, 6

Oración:    Padre,  “extiendo mis brazos hacia ti: tengo sed de ti como tierra resaca”, por eso he venido a esta iglesia, para sentir tu abrazo y escuchar el latido de tu corazón. Mi vida necesita de tu gracia, del amor que fluye desde el altar. 

Guadassequies. Iglesia antigua de la Esperanza.


El peregrino del Camino del Cid sigue el vuelo de la corneja y cual caballero del Campeador,  quienes “a la salida de Vivar tuvieron la corneja a la derecha” (Cantar del Mio Cid, 11), entra en Guadassequies.
En el corazón del parque encuentra “su iglesia parroquial, que está dedicada a Nuestra Señora de la Esperanza, se construyó en el siglo XVIII” (Nomenclator, pg.251).  El entorno constituye la víctima inmolada al río Júcar, para que este no arrase la Ribera con las aguas procedentes del río Albaida”. Así la construcción de la presa de Bellús en 1995 obligó la demolición de gran parte del centro histórico, salvándose tan solo el templo, porque “esta iglesia iba a ser demolida el 16-3-1997. Gracias al empeño de muchas personas muy válidas de este pueblo no se derribó”,  indica al entrar una inscripción grabada en el piso de mármol. Este empeño no quedó solo en ello, restaurándose durante los años posteriores.
La iglesia pertenece al estilo barroco clasicista valenciano, siendo de planta de cruz latina, con nave central y capillas laterales, cúpula sustentada sobre cuatro pechinas donde se han pintado los evangelistas, altar mayor donde se venera la imagen de la “Esperancita vieja”, obra barroca del siglo XVIII. A ella se suman el Sagrado Corazón, cuadro de la Divina Pastora y los santos de devoción local, entre otros san Antonio de Padua, san Antonio Abad, el Cristo de Medinaceli, la Virgen de los Desamparados y San José. Cuenta además con capilla lateral donde se venera una copia de la tabla gótica “el San Miguel de Guadassequies”, pintada en 1520 por el artista Roderic d’Osona.
Además cuenta con un museo parroquial inagurado en 2003 donde se exponen ornamentos litúrgicos y piezas de orfebrería. Finalmente en la sala de campanas se encuentran “María, xicoteta” y María de la Esperanza, la campana grande, fundidas en 1922 y 1935.
Lectura: Miqueas 2,12
Oración:    Padre,  me hablas, “los juntaré como ovejas en el aprisco, como rebaño en medio del prado”, este lugar donde tus hijos como un rebaño caminamos hacia la Eucaristía, alimentados por tu Hijo.

Bellús. Iglesia parroquial de santa Ana.


“A mediados del siglo XV contaba de 38 casas habitadas por moros, que al convertirse formaron iglesia aneja de Beniganim, la que fue desmembrada por el Beato [San] Juan de Ribera en 1574, erigiéndose en parroquia independiente, con la advocación de santa Ana, que es la actual” (J. Sanchis Sivera, Nomenclator, pg. 94).

El edificio se encuentra situado en el extremo occidental de la plaza del Horno, donde el “Palau de Bellús o dels Bellvis”, obra del siglo XV-XVI, evoca su pasado morisco.

Cuenta con torre campanario edificada durante los siglos XVII y XX, cuadrada, de tres cuerpos, remate construido el pasado siglo, con balaustrada y esfera para el reloj, con arcos en diagonal y  veleta. En la sala de campanas se encuentran las campanas Santa Ana y Cristo Rey. La primera de 62 kgr. fue fundida en 1978 y la segunda de 131 kg. datada en 1941. A ellas se suma una tercera, llamada “D. Eusebio Escobedo”, fechada en 1916, con un peso de 11 kgr. y ubicada en el interior de la parroquia.

Consta de planta cuadrada con capilla de la comunión donde se veneran las imágenes del Sagrado Corazón, san José y san Antonio Abad; presbiterio formado por el retablo neoclásico presidido por la titular, santa Ana custodiada por sendos ángeles y a ambos lados la Virgen María entregando el rosario a santo Domingo y santa Catalina, al que se suma en la parte del evangelio los Santos de la Piedra, Abdón y Senen.

En los altares son veneradas la Milagrosa, la Inmaculada, la Virgen de los Desamparados, san Vicente Ferrer y el Niño Jesús de Praga.

Además cuenta coro al pie de la nave y con museo parroquial donde pueden verse ornamentos, custodias y objetos sagrados de orfebrería.

Lectura: Mateo 4, 24

Oración:  Padre. En este lugar me hablas, “le traían todos los enfermos”. Alzo la mirada y también traigo al altar la oración por las personas enfermas que conozco, especialmente aquellas cuyas heridas son profundas y difíciles de curar, los que sufren enfermedades mentales.

Albaida. Virgen de Gracia.


En el barrio de “Llacorella”, llamado así por el tipo de piedra sobre el que se asienta, se encuentra la ermita. “Emparedada en la angostura estrecha de la calle, es el rincón predilecto de los pintores, los que toman sus puntos de vista desde las escaleras del ‘carrer de llacorellat” (Ermitas-II, pg. 128), escribió Luis Lluch B. Garín en el artículo publicado por Las Provincias el 20 de febrero de 1969.  Esta angosta vía está dedicada a la titular de la ermita y discurre en paralelo con la calle Elías Tormo.

El sacerdote José Sanchis Sivera, en el “Nomenclator” (1922) constata la existencia de “la casa-asilo de Nuestra Señora de Gracia, con escuelas dirigidas por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, instaladas en 21 de diciembre de 1877” (pg.26), encontrando allí el periodista una lápida sepulcral con la siguiente inscripción: “Juan Bautista Tormo Ferri, su testamentaria erigió esta iglesia en 1892”.

Lugar de oración y solidaridad, pulmón donde las servidoras de los pobres y cuantos en este lugar de caridad aman encuentran el oxígeno de Dios para reconocer en el necesitado el rostro de Cristo.

El peregrino eleva la mirada hacia el cielo contemplando la torre rematada por el agudo chapitel y coronada por una cruz, clausura de la campana Nuestra Señora del Rosario, fundida en 1823.

La fachada  cuenta entre otros elementos con pilastras de ladrillo, cornisa de piedra, amplio óculo rodeado por fajón y ventana abocinada.

Es en el interior circular, iluminado por las vidrieras,  donde el peregrino se encuentra arropado por las manos de Dios, sintiéndola al contemplar las imágenes de la Virgen de Gracia, La Milagrosa, san Vicente de Paul, santa Luisa de Marillach, san José y san Vicente Ferrer.

Lectura: 1 Juan 2,10

Oración:  Padre. iluminado por los rayos que atraviesan los cristales repito en mi  interior “quien ama a su hermano permanece en la luz”. Antes de iniciar la visita a los ancianos te pido me ayudes a encontrar la luz en ellos y dejarme iluminar por las palabras de tus Hijas de la Caridad.

Albaida. Cristo del Calvario.


En la que fuera cabeza de partido judicial en tiempos del diccionario Madoz (1845) y en las proximidades de la antigua carretera Barcelona-Algeciras (Nacional 340) se encuentra el pequeño calvario con su ermita y altares del via crucis. Lugar de paz y armonía donde antes de emprender el ascenso al puerto de Albaida el caminante descansa contemplando el valle custodiado por las montañas del Benicadell, Atzeneta, Covalta y Agullent, en su parte meridional.

Y allí rodeada de cipreses que guardan entre sus troncos las capillitas donde se veneran en paneles cerámicos los catorce momentos de la Pasión.

Es la ermita pequeña de color blanco y crema, situada bajo la sombra de una chimenea industrial de ladrillo.

“Tiene una elegante fachada coronada por una cruz de piedra sobre una cornisa de curvas barrocas” (Lluch Garin), con seis escalones por los que se sube a la puerta adintelada, sobre la que se abre el óculo o ventana pequeña y redonda decorada con una moldura. A estos elementos  se suma una farola de hierro anclada a la  pared.

Gracias a la ventana rectangular abierta en la puerta y protegida por una celosía el peregrino puede acercar su rostro al interior de ella,  pintado con los mismos colores que la parte exterior. El pequeño recinto es de techo plano con un retablo neoclásico en el ábside, cuya ornacina acristalada de madera guarda la imagen de Cristo crucificado, muerto y con rostro inclinado. A los pies dos pequeñas tallas de virgen María y numerosos búcaros con flores artificiales. El piso es de losetas ajedrezadas, venerándose en las paredes litografías con representaciones religiosas.

Lectura: Romanos 1, 6

Oración:  Padre. Aquí me tienes, en esta colina entre la ciudad de Albaida y la línea que divide las provincias de Valencia y Alicante. Después de contemplar la imagen, guardada en mi memoria, abro la Biblia, leo, medito y contemplo la Palabra que en este lugar me diriges: “pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”. Ante la imagen confieso creo en tu Hijo y en el Evangelio, la respuesta que hoy necesita la sociedad.

Albaida. San José.


El peregrino se adentra en la ciudad “La Blanca”, “Al-Baida”, fundada por los árabes en este valle de paisajes ondulantes de camadas de armiños descendiendo hacia la presa de Bellús.

Desde la Iglesia Arciprestal de la N.S. de la Asunción y el Palau dels Mila i Aragó comienza el caminante a recorrer la larga calle de 512 metros. Esta cuenta  con diversas denominaciones (Major, l’Ereta, Verge del Remei y Arqueoleg Ballester), contemplando la diversidad de fachadas, para adentrarse en el barrio de san Antonio, cuyas casas comenzaron a construirse durante los años 1771-1800 (web municipal).

Es allí donde alcanza la ermita, alienada con las viviendas limítrofes, cual casa de Nazaret, “otra moderna, edificada en 1913, en la calle de san Felipe, dedicada a san José” (Carlos Sarthou Carreres, Geografía del Reino de Valencia, 1913).

La fachada de frontón cuenta con tímpano de abanico orlada con fajón de ladrillos rojos, dos óculos o ventanas pequeñas redondas, entre los cuales está la lápida con el nombre del titular, remates piramidales y cruz de piedra con brazos lobulados. El interior es sencillo y majestuoso, formado por pilastras con capiteles jónicos, un friso gris y blanco, sobre el que se sustenta una escocia que bordea el techo plano. Entre las dos puertas de madera se alza el retablo neoclásico compuesto por dos columnas, frontón curvado, jarras en la esquina y el nicho central donde se venera una pequeña imagen de san José (cf. Lluch Garin, Ermitas, II, pg. 133, año 1969).

La campana anclada entre  el muro y la pared, fue fundida en 1940, pesando 27 kg. y fue “regalo de las devotas del barrio de san Antonio” (campaners.com).

Lectura: Cantar de los Cantares 1,17

Oración: Padre, por segunda vez abro la Biblia y me ofreces la canción del amado y la amada. “El techado de nuestra casa es de cedro / y nuestro artesonado, de enebro. / Soy narciso de la llanura, / una rosa de los valles”. Alzo la mirada a la ermita, tu hogar, donde el alma, la amada, encuentra al Amado, Tú, mi Dios, la Mirada, la “Llama de Amor viva que tiernamente hieres”.130. Albaida. Cristo del Calvario.

 

.Albaida. Ruínas del Convento de Santa Ana (dominicos).


“Al pie de la montaña de la Cueva-Alta, está el edificio que fue convento de los Dominicos” (Madoz, I).

El peregrino habiendo abandonado la A-7 y en la rotonda, toma la antigua Nacional 340, encontrando en la margen izquierda,  las vetustas ruinas del Monasterio de Santa Ana, acariciadas por la exuberante vegetación formada por pinos y matorrales.

Allí, ante él, permanecen firmes frente al tiempo la fachada con su arcada puerta y cornisa, muros y restos de la bóveda de la antigua ermita y monasterio.

Fue en 1538 cuando el Conde de Albaida D. Cristóbal Milán de Aragón, donó el eremitorio dedicado a la madre de la Virgen María a los dominicos. Su Provincial, fray Joan Micó, construyó el convento, enviando a los padres predicadores. 

Años más tarde, en otoño de 1557, fue enviado san Luis Beltrán, quien permaneció como vicario hasta 1560, “en cuyo tiempo sucedió el famoso milagro de la pistola” (Sanchis Sivera), convirtiendo la pistola de quien disparó al santo en un crucifijo.

De este monasterio fueron los frailes predicadores en Montaverner: frare Xeres (1586), frare Feliu (1589), frai Joseph Aliaga (1592 y 1593), frai Cristofol Sanchiz (1599 y 1600), fray Vicente Guerola (1747) y fray Cristobal Bono (1762, 1763 y 1764). Años después, en 1795, se hospedó el botánico Cavanilles.

Destruido durante la invasión francesa, reconstruido de nuevo, tras la desamortización de Mendizábal (1836-1837) fue vendido a unos particulares quienes transformaron el lugar en una granja de labores.

Lectura: Malaquías 2,17-3,5

Oración:  Padre, con temor y temblor contemplo estos muros. Leo el pasaje de “El Día de Yahvé” e imagino a san Luis Beltrán cual profeta escondido en la ermita o en una de las cuevas, orando con este texto. “Os llamaré a juicio y seré testigo diligente contra los que roban el salario al trabajador, explotan a viudas, huérfanos y emigrantes”, “sacude mi conciencia para que sea exigente conmigo antes de que llegue el día del Juicio”.

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