viernes, 17 de abril de 2015

Alginet. S. José.


El peregrino antes de entrar en Alginet por la antigua Nacional 340, encuentra al sur de la población el templo del que D. José Sanchis Sivera anotó: “Cerca de la Villa hallase la ermita de San José, que es el patrón, construida sobre las ruinas de la antigua, de estilo gótico y de elevada nave, siendo lo interesante en ella la imagen del titular, obra del siglo XV, la que parece se veneraba en el poblado de Trullas, y al desaparecer se trasladó a Espioca, y de aquí a Alginet, en 1580” (Nomenclaor, pg.69). Allí se levantó en 1584 la primitiva ermita. Derruida ésta se construyó el actual templo de estilo neogótico, restaurado en 1997.

El edificio consta de pasillo circundante, ermita y cuidado jardín, rodeado por una valla en la que se abren arcos apuntados. Edén abierto a la ermita por la puerta lateral y ventanas, con cipreses, palmeras, arbustos y un recogido pozo, sobre el que se balancea un cubo.

La fachada de la ermita consta de puerta emplanchada sobre tres gradas, inscrita en un arco ojival  con archivolta de piedra, rematada en cruz, tímpano decorado con líneas góticas y románicas. Las farolas, palmeras, pilastras adosadas y un retablo representando a san José donde se anota la fecha de la última restauración, custodian la entrada. Sobre la puerta se levanta el frontón con óculo protegiendo la vidriera y la espadaña de anchos pilares, con arco ojival bajo el cual descansa la campana. El edificio es rematado por la veleta y la cruz de hierro forjado. En el interior tiene bóveda de crucería, murales donde han sido representados escenas de la vida del santo custodio y retablo gótico con la imagen del titular.

Lectura:  Juan 4, 1-26

Oración:  Padre. A través de la reja contemplo el jardín. Leo el encuentro de tu Hijo con la Samaritana. Me pregunto por mi sed, los anhelos que hay en mí, los sueños y también las falsas aguas que cual espejismos contemplan y anhelan mi alma. Soy como ella y exclamo: “Señor, dame esa agua”. José me ofrece el medio para saciar mi sed.

Turís. Virgen de los Dolores.


El peregrino siguiendo el desfiladero del río Magro alcanza Turís. Allí desde la monumental iglesia parroquial asciende al corazón del centro histórico, siguiendo las calles Santo Tomás y Subida al Castillo. Y en lo alto, encuentra la ermita y la torre cuadrangular de mampostería y sillares. En su blanca fachada con ribete azul, sobresalen la cornisa, acroterio, frontón con el corazón de María herido por los siete dolores, y la cruz de hierro forjado.

Sobre la puerta, enmarcada por dos pilastras y frontón triangular se venera la imagen de la titular. A la izquierda un panel cerámico ofrece al peregrino los hechos más relevantes de la edificación, mientras su hermano, situado a la derecha fue colocado por “les camareres i elets” en conmemoración de las bodas de oro de la coronación de la Virgen y restauración de la ermita el 17 de septiembre de 2000.

De su historia escribió D. José Sanchis Sivera: “el lugar o palacio, que era un inmenso caserón situado en la parte más antigua y elevada de la población, lo ocupa hoy una bien arreglada Casa de Caridad con su hospital y escuelas que dirigen las Hermanas de la Doctrina Cristiana” (Nomenclator, pg. 411). 

En el interior de nave con bóveda de cañón sostenida por arcos fajones y altar barroco, Luis B. Lluch Garín halló en 1980 la patrona, con sus facciones reflejando la aflicción desgarradora de la Madre y  las imágenes de san José, s. Francisco de Borja, la Inmaculada, V. del Pilar, s. Juan de Ribera, s. Fernando, la V. del Carmen y s. Antonio de Padua.

Lectura:  Marcos 14, 32-42

Oración:  Padre. Sentado bajo la cruz de término contemplo la ermita y leo la oración en Getsemaní de tu Hijo. “Simón, ¿duermes?, ¿no has podido velar ni siquiera una hora?”. Pero Jesús no estaba solo, en la distancia nuestra Madre le acompañaba. En silencio rezo por las madres que en estos momentos se encuentran en los hospitales y en los hogares acompañando a los hijos o hijas enfermos, rezando el rosario por ellos, elevando la plegaria a María.

Llombai. San Antonio.


Ascendiendo desde la avenida de san Antonio el peregrino se adentra en la urbanización dedicada al santo anacoreta. Las estaciones, los cipreses y una frondosa vegetación acompañan a quien en lo alto encuentra el eremitorio con la casa del ermitaño adosada y el algarrobo centenario. 

El templo citado por el sacerdote D. José Sanchis Sivera en el Nomenclator data del s. XVII, con elementos góticos, acoge al caminante en su   amplia fachada blanca de doble frontón y espadaña rematada por frontón triangular y cruz de hierro y campana con el epígrafe: “DONADA POR LA HERMANDAD / LABRADORES Y GANADEROS / LLOMBAY / AÑO 1961”.

La mirada desciende y halla la puerta de medio punto custodiada por la ventana abocinada,  sendas farolas de hierro, las dos últimas estaciones del calvario y cinco gradas. A estos elementos se suma los pequeños azulejos de cerámica representando al titular e informando del lugar. 

El interior fue descrito por Luis B. Lluch Garin: “a lo largo de la nave se alinean las capillas laterales entre pilastras que sostienen un sencillo cornisamento de orden dórico. La bóveda es de cañón, con lunetos. En las capillas vi las imágenes de San Roque, Santa Margarita de Casia, el Ángel de la Guarda, San Bernardino, San Nicolás, Santa Teresa y San José, y en el altar mayor con bóveda de arista, estaba San Antonio Abad y un frontón en cuyo centro figuraba un lienzo de la Virgen del rosario, patrona del pueblo” (Las Provincias, 21 de febrero de 1968).

Lectura:  Mateo 19, 16-30

Oración:  Padre. Abro la Biblia al azar y me ofreces el evangelio propio de la fiesta de este santo. “Al oír esto, el joven se fue muy triste porque poseía muchos bienes”. ¡Cuántas veces en misa al escuchar tus palabras la tristeza ha pintado la mirada del joven! Vivir el evangelio sin glosas como Antonio, renunciando a mis caprichos, llevando una vida austera, compartiendo lo que poseo, no sólo lo que me sobra. ¡Padre, perdóname por las tristezas del joven sin nombre y dame la alegría de san Antonio!

 

domingo, 1 de marzo de 2015

Catadau. Santa Bárbara.


Asciende el peregrino siguiendo el curso del río Magro, elevando la mirada hacia la señora de la Ribera Alta: la montaña Matamons, porque “quan Matamon s’emborrasca/i la murta fa capell,/llaurador, vest’n a casa,/ pica espart i fes cordell” (refranero local).

Así los agricultores desde siempre han mirado el monte con respeto y en el enclave donde se unían los términos de Catadau, Tous y Carlet, edificaron una ermita dedicada a la santa protectora del pedrisco. Aquel edificio sufrió el abandono, levantándose en la urbanización Lloma Molina ubicada al oeste de Catadau el actual edificio. En él fue colocada como primera piedra un viejo sillar de la antigua ermita.

Y éste se llega  por un camino rural desde la CV-50. El edificio irradia la sobriedad y elegancia de los templos modernos. Levantándose sobre la colina a modo de mirador con dos escaleras de herradura. En el centro del muro fue grabado el escudo, con el nombre de la población y la fecha “1973”. A la derecha se encuentra la espadaña prismática con los siguientes elementos: leyenda “Catadau a su patrona Santa Bárbara”, retablo de la mártir, cruz hundida y campana.

En el vestíbulo cuatro columnas sostienen la techumbre. Resguardado del sol y la lluvia el caminante descansa la mirada sobre la vega del río Magro, la montaña de Cullera y la difuminada línea azul del Mediterráneo.El interior protegido por una amplia puerta de madera es de media circunferencia con techo plano. En las paredes laterales son veneradas las imágenes de Santa Cecilia y San Nicolás y en el centro la titular.

Lectura:  Deuteronomio 34,1-4

Oración:  Padre. Desde la balconada de la ermita contemplo el bosque y los naranjos que se extienden hasta el Mediterráneo, esta ribera del Júcar, cual Jericó, Neftalí, Efraín y Manasés. “La tierra no es una herencia que hemos recibido de nuestros padres, sino un préstamo que hacen nuestros hijos a nosotros, para que nosotros la conservemos y la llevemos adelante hacia ellos” (papa Franciso, mensaje, 9-II-15). Rezo.

Carlet. Sant Bernat.


El corazón devocional de Carlet se encuentra ubicado en Pintarrafes, eden, iluminado por la presencia de los naranjos, palmeras y frutales y la mirada de la emblemática montaña Matamons. Lugar donde el peregrino tras cruzar la puerta de hierra, entra en este jardín con su ermtia, casa del ermitaño y zona recreativa,  hogar paterno de los santos hermanos Bernardo, María y Gracia.

Fácil es imaginar al joven moro, quien tras ser enviado a tierra cristiana se convirtió en el Monasterio Cisterciense de Santa María de Poblet llegando a las tierras levantinas, predicando las enseñanzas de Jesús a sus hermanas y huyendo con ellas camino de Alzira, donde las palmas del martirio les aguardaban.

Dos pueblos unidos desde la Reconquista por estos santos y un camino 15 kilómetros, cuyo punto de partida es la ermita erigida en 1666 por el Conde de Carlet D. Jorge Castelví en gratitud por el milagro obrado a su hijo, quien santo por intercesión de los mártires.

El edificio es de planta heptagonal, con ventanas abalconadas, cúpula de tejas azules y nervios blancos, sustentada sobre tambor donde se abren siete óculos verticales y rematada por cruz de hierro forjado. La puerta de sillares adintelada. Una lápida de piedra situada a la derecha de ésta anota la siguiente leyenda “VIII Centenario del martirio de Bernardo, María y Gracia. Carlet 23-VII-1980”. La fachada además cuenta con un reloj de sol en uno de los lados del santuario.

El interior circular es de estilo rococó, con altar barroco decorado por columnas corintias arropando  las imágenes de los titulares.

Lectura:   Eclesiástico 2

Oración:  Padre. Abro la Biblia al azar y leo el texto que me ofreces: “Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepárate para la prueba”. Oro en el silencio del lugar, imaginando a los santos Bernardo, María y Gracia viviendo esta Palabra. Medito cada una de las palabras: “todo lo que te sobrevenga, acéptalo”. Padre, me abandono en ti. Inicio la ruta Bernardina, acompañado por la Biblia y el santo rosario.

 

lunes, 16 de febrero de 2015

L'Alcudia. San Antonio.


La Ruta Bernardina conduce al peregrino hacia la localidad de L’Alcudia, siguiendo el antiguo Camino Real de Madrid por las calles Calvo Acacio, Juan Bautista Osca, Major, plaza y San Antonio. Y en la plazoleta se levanta adosada a las viviendas la ermita.

Fue durante el siglo XIV cuando el señor de la villa Pere de Montagut i Vilanova fundó  el hospital dedicado al santo. Posteriormente, con motivo de la construcción de la iglesia de S. Andrés, la “Catedral de la Ribera” acogió el Santísimo Sacramento y todos los oficios religiosos de la parroquia(1750-1767). Sin embargo durante el s.XIX sufrió numerosos avatares, cerrándose al culto y siendo destinado a cárcel de las cordadas de presos que eran conducidos por el camino real; taller donde se construyó la noria de S. Antonio, escuela de enseñanza primaria; y colegio electoral durante la I Republica. En 1862 se inició la rehabilitación, si bien en 1936 fue profanada, derribándose la espadaña y los altares. Concluida la contienda el edificio fue reparado, albergando durante la segunda mitad del pasado siglo las imágenes de las cofradías de la Semana Santa, celebrándose la misa el día de su festividad y la novena dedicada a san Antonio de Padua, dirigida entre otras mujeres por Natividad Sanchis y Consuelo Arnandis.

La fachada con puerta adintelada, ventana, frontón triangular y campana, contaba con una original espadaña con triple remate piramidal, cruz de hierro y  bello retablo de san Antonio. Ambos fueron sustituidos en 2002. El interior es de planta de cruz latina con cúpula, zocalo de cerámica valenciana, cornisa y bóveda de medio cañón con arcos fajones, lunes ciegos y altar dedicado al titular.

Lectura:   Números 6, 24-26

Oración:  Padre. ¡Cuántas personas pasaron por este lugar camino de Valencia! Y al mirar hallaron la ermita del santo. Una mirada furtiva, un instante en el que desde ella les dirigías tu bendición. Aquí, en la pequeña plazoleta, medito Tu Palabra, escucho tu bendición. ¡En el camino descubra tu rostro!

Guadassuar. San Roque.


El peregrino inicia la ruta bernardina, acompañado por los naranjos y las acequias. Es en Guadassuar, dirigiéndose hacia Algemesí, donde encuentra el lugar dedicado al santo protector de las epidemias, “cuenta con una hermosa ermita dedicada a san Roque”, escribió D. José Sanchis Civera.

El origen se remonta al año 1648, cuando la población cumplió el voto de levantar un eremitorio, éste fue sucesivamente sustituido por dos edificios en 1710 y 1789.

El lugar cuenta con una plazoleta donde se levanta una cruz de piedra labrada con las imágenes del crucificado sobre un capitel corintio con san Vicente Mártir en él. La fachada es de línea barroca con cornisa mixtilínea decorada por piñas y pirámides de piedra, ventana En la espadaña campea la campana,  bajo una cruz de hierro forjado y veleta con la silueta del santo peregrino.

En el cuerpo inferior se sitúa la puerta acompañada por sendas estaciones del via crucis (XII y XIV), azulejo con la leyenda “ERMITA DE SAN ROQUE” y de  retablos cerámicos, con los iconos del Santísimo Cristo de la Peña y san Roque. En el crucero se levanta la cúpula de tejas vidriadas de color azul y cobijas blancas, rematada por una cruz.

El interior es de una sola nave con crucero y capillas laterales. En el altar mayor se veneran las imágenes del Cristo de la Peña, san Roque y la Divina Aurora. En las capillas laterales son venerados los pasos de la Semana Santa. Luis Lluch B. Garín anotó en 1965 la presencia de los siguientes: Oración en el Huerto, las Siete Palabras, el Nazareno, la Dolorosa, la Preciosísima Sangre y el Sepulcro, así como la talla de S. Isidro Labrador.

Lectura:   Levítico 23,33-36

Oración:  Padre. El eco del “porrat” permanece. Los feriantes levantaron las atracciones, los niños montando en el tío vivo saludaban a sus padres, mientras los jóvenes enamorados se elevaban hacia lo alto en la noria. Y tú me hablas de la fiesta, lugar de encuentro “en honor del Señor”. Y te doy gracias por esos momentos entrañables de feria, en mi infancia.